Crónica del Rogaine de Tormón

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ROGAINE TORMÓN (TERUEL), por Pablo Fernandez Liria

16 de septiembre de 2017

Impresionante zona laberíntica, original, peculiar… para dejarse embelesar perdiéndote en ella. Los pinares de Rodeno y su característica roca rojiza de conglomerado y areniscas.

Balizas muy técnicas para el singular acabado del mapa, pero que no desprestigiaba la prueba. Eso sí, una dificultad añadida era encontrar los círculos en el mapa que impedía además tener una visión general clara de la concentración de puntos. Ya que estaban pintados casi del mismo color que los cortados interpretados por la tecnología Lidar y en esta zona los había por todas partes. Además el mapa estaba impreso por las dos caras y el solape era mínimo. A escala 1/15000 con una ventana a 1/7500, de un antiguo mapa de orientación específica. Las zonas que se habían trabajado en campo si estaban correctamente pintadas y se entremezclaban ofreciendo una curiosa homogeneidad al mapa.

La organización se arriesgó a desarrollar la prueba en una zona protegida para darnos a conocer la espectacularidad de la naturaleza salvaje, inédita y deshabitada, donde incluso agrupaciones guerrilleras de Levante y Aragón, vivieron a escondidas entre las rocas combatiendo el franquismo. A igual que en tiempos prehistóricos otros encontraron su hábitat, señal de las numerosas pinturas rupestres de la zona. Algunos equipos tuvieron que lidiar con los forestales…

Al día siguiente, como no nos había dado tiempo a visitar ciertas zonas, como el aludido campamento de los “maquis”, seguimos disfrutando del entorno. Y corroboramos que los orientadores no dejamos ninguna señal añadida al bosque salvo nuestro corazón latente. Aunque yo estuve a punto de dejarme el cráneo al intentar escalar por una grieta empeñándome en que arriba tenía que estar la baliza y caí de espaldas. Las acículas sobre el suelo me abrazaron como en una nube.

Manuel Parrado, el gallego que es de un club vasco y vive en Logroño era mi nueva pareja de aventuras. Muy afín a mí, de un club asturiano, aragonés, que vivo en Burgos y de joven en Madrid. Hacía tiempo que queríamos participar en alguna, juntos.

Me hubiera gustado retratar más los espectaculares paisajes pero nada más salir me dijo la cámara que tenía memoria insuficiente. Al parecer no había insertado la tarjeta; vaya.

Comenzamos subiendo el valle por al lateral Oeste por la baliza 31 que te la encontrabas y en la parte superior mas llana hicimos un par de balizas rápidas que no fáciles a rumbo. En la tercera baliza cambiamos la estrategia y en vez de dirigirnos al norte por la parte central nos acercamos al borde oeste del mapa a pillar unas balizas de bajada, antes de subir de nuevo. En la primera hora habíamos hecho ya muchos puntos, pero a partir de entonces no fue tan fácil. Casi una hora nos costó un par de balizas. La organización iba a premiar a quienes visitaran la baliza 83, que estaba en un lugar de espectacular belleza. Fue donde me caí, y dimos vueltas por todas las grietas de la fortaleza rocosa de esbeltos torreones. Al final resultó difícil, porque éramos incapaces de discernir el laberinto pintado en el centro del círculo.

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La siguiente baliza 91, rodeada de precipicios resultó un tanto peligrosa y había que acertar con el acceso entre las rocas. Ya llevábamos tres horas y no habíamos llegado más que a la mitad del mapa. Era hora de idear una estrategia de vuelta. Sabíamos que habíamos dejado muchos puntos por picar cerca de meta. También, luego nos dimos cuenta de que obviamos alguna próxima, como la 74 antes de la 83 o la 63 que dejamos atrás pero casi hubiéramos podido hacerla a curva de nivel sin un esfuerzo extra. Salimos de aquel laberinto rocoso a través de la 75 bajando por una grieta de la montaña. Bajamos al valle para remontarlo de vuelta por terreno más suave. En el collado teníamos avituallamiento líquido y rellenamos el camelbak. También descansamos 7 minutillos para reponer fuerzas. Nos quedaba hora y media para concluir las 6 horas y pretendíamos hacer unos cuantos puntos bastante técnicos, aunque ya estábamos cerca de meta. Una cuesta más, una baliza más y ya iba a ser el resto cuesta abajo.

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Entramos en la ventana del mapa a 1/7500 a través de un caos de rocas indescifrable para hacer una baliza muy técnica y acertamos en el laberinto con ella, en un “vamos a suponer que…”, Manuel ya no pensaba más. Luego navegamos por un bosque más denso que nos impedía avanzar con facilidad y a juzgar por la cantidad de rocas que sorteamos, supusimos que andábamos pasados de los límites de la ventana del mapa, que apenas dibujaba piedras. Al final resultó que las consideraba pequeñas la cartografía. Teníamos que cruzar dos vaguadas a nivel, por lo que a pesar de la escasa visibilidad no tenía que ser difícil. Nos quedó la baliza arriba. La siguiente baliza nos volvió a quedar arriba, y en esta perdimos más tiempo, porque tuvimos que retroceder. Ya no teníamos tiempo para más, y tuvimos que dejar una baliza de 3 puntos que nos quedaba a 200 metros, pero además estaba entre rocas.

Bajamos por la directa hasta meta, por una vaguada un tanto sucia de maleza. Tan solo 1 minuto y medio faltaban para las 6 horas, cuando cruzamos bajo el arco.

117 puntos. Al final terceros por un punto. ¡Cachis!, nunca se sabe. A 18 de los primeros. Pero muy satisfechos con la aventura y encantados de la zona. Esperamos que se vuelva a repetir, y no expedienten a los organizadores.

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También nos dio tiempo a vistar el Cañón del río Ebrón, la cascada de Calicanto y dar una vuelta por Albarracín. Nos costó abandonar las tierras de Teruel. Sí, existe y es encantadora.

 

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